miércoles, 5 de enero de 2011

La anécdota de la vieja

Hace unos días fui al centro de Madrid en autobús, por razones que no vienen al caso. Como hacía frío en la calle, me puse un abrigo gordo, guantes y braga para el cuello. En el autobús me quité todas estas prendas y me senté. Un tiempo después se acercó una vieja y se sentó a mi lado. La vieja lanzó una rápida mirada hacia abajo y me dijo: "Se te ha caído...una cosa". Alarmado por sus palabras, miré hacia el suelo, y efectivamente, ahí estaba la braga. Le agradecí su servicio, pero me extrañó que hubiese empleado el término "cosa".

Pasado un rato, me di cuenta de la ingeniosa advertencia que me había hecho la vieja. Lo que había ocurrido no era, como yo había pensado en un principio, que la vieja no supiera cómo se llamaba lo que se me cayó. Todo lo contrario, en realidad había sabido evitar de una forma sutil y elegante decir en público "Se te ha caído la braga", un frase sumamente vulgar e inapropiada para aquella situación. Me descubro ante ella. Gracias, vieja.