lunes, 12 de octubre de 2009

Reflexiones matinales escuchando la segunda sinfonía de Mahler. EL DESENLACE

AVISO: Se recomienda leer la entrada anterior, que se supone que es la introducción. No es absolutamente necesario; pero hacedlo, que me gusta que me lean.

Son las 11 de la mañana del día 4 de octubre de 2009. Estoy caminando hacia en el Auditorio Nacional, otra vez, después de tres meses sin asistir a ningún concierto. No tengo ni idea de lo que voy a escuchar. Se lo pregunto a mi madre: "¡Mamá, mamá!, ¿qué vamos a escuchar?". Pero es inútil, ella tampoco lo sabe. Tiene esa curiosa costumbre de comprar entradas para el Auditorio sin saber lo que va a escuchar, y de llevarme a mí para que "me culturice". Yo creo que no va por la música, sino porque le gusta ver a gente vestida de rico. Siempre me dice "mira que bien viste esta gente, se nota que tiene dinero", y se pone muy contenta. Curiosa afición, hay gente que le gusta jugar al futbol, otra la que le encanta tocar la guitarra, y a mi madre le apasiona ver a personas vestidas de rico.

Pues bien, llegamos al auditorio, entramos por la puerta principal y le damos las entradas al portero, que las mira un buen rato; supongo que para comprobar que no somos unos estafadores que pretenden entrar por la cara a un servicio público subvencionado por el estado. Seguimos hacia nuestros sitios y entramos en el auditorio en sí. Me parece enorme e imponente, lo recordaba mucho más pequeño, ¿habrá crecido?.

Una azafata me da el programa, han cambiado su diseño de portada: ahora lleva como dibujos de la “belle époque”, así en plan "cool". No están nada mal, y la azafata tampoco está nada mal; pero no para de sonreír, y eso me da mala espina. No hay que fiarse de azafatas de sonrisa fácil, esconden oscuros secretos.

Me siento en mi butaca y abro el programa:

SINFONIA NUM. 2 EN DO MENOR, "Resurrección"

Gustav Mahler (1860-1911)

Josep Pons, director.

Mireia Barrera, directora CNE.

Isabel Moran, soprano.

Anna Larsson, contralto.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¡ Dios mío!!!

Mi madre me ha traido a escuchar a Mahler. ¡Mahler!, un tío cuya obra más corta dura como una hora. Esta sinfonía duraba... ¡80 minutos! En fin, nunca me había dormido en un concierto de música clásica, pero notaba que esta iba a ser la primera vez: había tenido una noche muy mala, sólo habia dormido 3 horas, y no estaba preparado para mantener la atención durante 80 minutos. Me temía lo peor: me pondría a roncar, sería el hazmerreir de todos los espectadores, y mi madre se avergonzaría de mí, más de lo que lo hace habitualmente.

Primer movimiento: Allegro maestoso: Mit durchaus ernstem und feierlich Ausdruck.

No entiendo nada.

Afina el primer violín, la gente la aplaude. Vaya, hoy tenemos a un público fácil, supongo que les habrá parecido magistral su afinación. Sale el director, saluda, más aplausos. Se da la vuelta, se hace el silencio, levanta la batuta, mira a los contrabajos, y comienza algo que tenía toda la pinta de terminar siendo un calvario para mí.

Me propongo un reto: no dormirme. Si lo consigo, tendré algo qe contar a mis nietos: "Yo fui capaz de aguantar una sinfonía de Mahler sin dormirme, habiendo salido de marcha la noche anterior, y con solo 3 horas de sueño". Así que, si quiero lograrlo, tendré que mantener la cabeza ocupada.

El concierto no es del todo aburrido, empiezan con el tema principal los contrabajos, les siguen los clarinetes, creo, con un tema medio contrastante. El inicio es muy calmado, y algo triste. Es raro, porque en el programa pone "Allegro maestoso", y esto, de momento, no tiene nada de "Allegro" y mucho menos de "Maestoso". Pero en fin, supongo que en algún punto cambiará.

Llevan 10 min de sinfonía, se han desarrollado los temas un poquito, pero todavía les queda un montón por desarrollarse. La obra es interesante, pero a mí se me están empezando a cerrar los ojos. En estos momentos es cuando dejo de pensar en el concierto, y empiezo a divagar sobre mis propios problemas y reflexiones.

Me acuerdo de la noche anterior. Había ido a casa de Nicolás y Guillermo, dos de mis amigos. A Nicolás le llamamos Dawson y a Guillermo le llamamos Guillermo, aunque en tiempos era conocido como Galleto. Desconozco por qué le empezamos a llamar Galleto, y por qué dejamos un día de hacerlo. A parte de ellos, estaban Leo, Marvin, Nicolás (otro Nicolás) y Kathy, más conocida como "La Alemana", por ser alemana.

Esa noche era la segunda que veía a "La Alemana", que digamos que era la novedad del grupo. Estaba viviendo en el piso compartido de Dawson y Guillermo, y se habían hecho medio amigos. Lo que más me gustaba de "La Alemana" era que si le hablabas rápido no te entendía nada, pero ella seguía sonriendo igual y se ponía un poco roja; y eso estaba bien, te hacía sentir elocuente.

No había noticias en el grupo: era otra noche más de charla. Cuando llegué a la reunión Leo estaba hablando con "La Alemana", y le decía de que tenía dos novias, y que estaba preocupado de que una se enterase y se le echara todo a perder, porque claro, le daba pena por ellas, se pondrían muy tristes. "La Aleamana" lo escuchaba con atención, como sorprendida de su éxito con las mujeres.

Marvin y Guillermo estaban jugando a un videojuego de boxeo, y Nicolás (el otro Nicolás, el que no es Dawson) le estaba contando a Dawson sus problemas amorosos con una chica del conservatorio (él va al conservatorio) con la que se quiere enrollar, pero que no puede porque le da vergüenza decírselo. Nicolás le cuenta algo de lo que ya no me acuerdo, pero era algo en plan filosófico tratando de justificar la indecisión de Nicolás.

Se hace el silencio...

!Ha terminado el primer movimiento! ¡¡¡Y sigo despierto!!! Bien, ahora sólo quedan 4.

Nadie aplaude, hoy me encuentro entre gente culta que sabe cuándo aplaudir. Así da gusto.

Segundo movimiento: Andante moderato. Sehr gemächlich. Nie eilen.

Sigo sin entender nada...

Tengo que seguir pensando en la noche anterior, si no, me dormiré.
El encuentro entre amigos se desarrolla con normalidad: empezamos tomando unas copas, como si fuera un botellón, pero dentro de la casa. El ambiente se anima, se habla más, y más alto. Entra hambre, Dawson y Guillermo deciden cocinar algo. Cuando terminan, nos dan un plato a cada uno, es arroz con una cosa marrón, una cosa con un nombre indio. Al resto le gusta, a mi no, demasiado picante. Pasado un tiempo empiezan a circular los porros entre los miembros del grupo que fuman porros. Ellos se animán aun más, el resto seguimos como antes. Alguien coge una guitarra, se pone a tocar, pronto se la pasa otro y a otro; nadie les hace mucho caso, pero ellos disfrutan.

Pasado un tiempo, decido que ha llegado la hora hacer el tonto, ahora que ya tengo alcohol como excusa. Me pongo a bailar, sin música. Les digo a todos: "¡Miradme miradme!" y me empiezo a hacer el Moonwalk de Michael Jackson. Me sale bien, consigo la sensación de deslizamiento porque el suelo no es muy adherente, es el apropiado para hacer este paso. Después de la payasada, soy reconocido oficialmente, entre mi grupo de amigos, como un imitador competente de Michael Jackson.

Seguimos hablando. Los temas ya no son tan originales como al principio: casi todos son anécdotas que ya se han contado, pero por alguna extraña razón, ahora tienen mucha más gracia.

De nuevo el silencio. Y nadie aplaude. Bien, ha terminado el segundo movimiento.

Tercer movimiento: Inruhig fliessender Bewegung.

Pffff, eso no suena muy bien.

Yo sigo pensando en lo mío.

A las 3 de la mañana Marvin dice que se va de marcha con su hermana y unas amigas de su hermana, me anima a ir y a bailar como Michael Jackson. Yo acepto, pero no estoy muy por la labor de bailar como Michael Jackson en público, me da vergüenza.

Una hora después salimos, nadie nos acompaña: todos están cansados. Nos despedimos y nos vamos. Marvin me asegura que sabe cómo ir. Pero no es verdad, en menos de 5 minutos nos perdemos. Preguntando llegamos al sitio de encuentro, por suerte. Ahí está la hermana de Marvin. Se llama Melany, o algo así. Está acompañada de un argentino y de un español. Melany me empieza a preguntar cosas, para integrarme en el grupo supongo: ¿Trabajas?¿Dónde trabajas?¿Qué haces en el trabajo?¿En qué consiste? Me siento incómodo hablando de mi trabajo, llegado un punto le digo "Esto qué es, ¿Un interrogatorio?", se enfada y decide dejarme de hablar durante un rato como castigo.

Entonces me pongo a hablar con el argentino, le digo que me hacía mucha ilusión hablar con un argentino, que nunca lo había hecho. Al argentino creo que le caí bien, hablamos de Les Luthiers, de Yayo, de Enrique Pinti, de los humoristas argentinos que van pidiendo dinero por la calle, del dulce de leche, de los alfajores y de Maradona. Luego le pedí que me oyera imitando a un argentino, y que me diera su opinión sobre la calidad de mi imitación. Le hizo gracia, dijo que no me salía mal, pero que mi acento era demasiado porteño. Luego me explicó que a él no le caían bien los porteños (los porteños son los de Buenos Aires) porque al parecer que van de pijos. Él, por supuesto, no era porteño.

Todavía estábamos fuera del local donde habíamos quedado, esperando en la cola; las amigas de Melany ya estaban dentro. Melany me dice algo, algo que inspira una actitud de reconciliación; ya ha pasado mi periodo de castigo, menos mal. Descubro que el local es de Pachangueo. Vaya mierda, en estos sitios no se puede bailar, no al menos a mi estilo, tendría que andarme con ojo para no dar la nota.

Cuarto movimiento: Ulricht. Sehr feierlich. Choralmässig.

¿Choralmäsig? ¡Eso suena a coral! Qué bien, seguro que ahora canta el coro, una agradecida novedad después de 50 min de sinfonía instrumental.

Empieza el movimiento, el coro se levanta de sus asientos y comienza con una delicada melodía, a cargo de las sopranos. Los bajos le contestan en un pianisimo casi inaudible y sereno. Poco a poco se introduce el resto de la masa coral también en pianísimo, con un resultado sorprendentemente delicado para un coro de unas 80 personas.

Tanta paz y sosiego hacen que me entren ganas de dormir, una vez más. Debo de seguir pensando en lo que pasó ayer.

Habíamos entrado en el local, Melany nos presentó a sus amigas. Una se llamaba Nuria, creo, la otra no me acuerdo. Había muchísimo ruido, y casi no se podía hablar, también hacía mucho calor. Nos subimos al escenario, era el único sitio donde quedaba algún hueco para estar de pie. Empiezo a bailar, pero en plan discreto, sin virguerías. Pasan unos minutos, tomo algo, y sin darme cuenta, ya he hecho viguerías, mierda. Ahora ocurre lo inevitable: el grupo opina... a los tíos les gusta, a Melany también, a la que no me acuerdo de cómo se llamaba, ni le va ni le viene, y a la que creo que se llama Nuria le parece que hago "demasiados movimientos de muñeca" y que además parezco un robot bailando. Jmmmm, lo que me temía, la típica listilla del baile que se cree muy guay. Decido observarla bailando, lleva el ritmo, sí, pero no hace nada más, se limita a mover las caderas. Es aburrida de ver.

Permanezco unos minutos en estado de shock. Como si me hubieran pegado una paliza. ¿Realmente mi baile es tan inadecuado? ¿Lo que se lleva ahora es lo que baila ella, mirándose a los pies, dando saltitos, y cantando la canción que baila? No sé qué opinar, empiezo a cuestionar muchos de los principios del baile que pensé que eran inmutables.

Avanza la noche, el argentino y el español se van, y nos quedamos Marvin, su hermana, las amigas y yo. Pero ya todo da igual, no quiero seguir ahí. Me preguntan si me lo estoy pasando bien, y yo "sí sí". Pero todos sabemos que mentía. Marvin me cuenta historias de canciones de los años ochenta, para pasar el rato.

Poco después, me marcho, no aguanto más en ese local. En la salida me encuentro con un amigo del instituto que ahora es piloto, y que por alguna razón que desconozco, estaba trabajando de camarero. Le digo que como le va la vida, y me la cuenta. Pero me entero de poco, la música está muy alta. Además, empiezo acordarme mejor de ese compañero: era muy mala persona, un creído que no paraba de alardear del dinero que le daba su papá y de los viajes que hacía. Así que no me quedo mucho tiempo hablando con él. Me despido y salgo del local, dándole vueltas a la desaprobación que acabo de sufrir mi forma de bailar.

No me gusta que me digan que hago algo mal, me siento tonto, aunque sea una chorrada como ésta. Me hace recordar los oscuros años en los que estudiaba armonía y análisis musical, cuando el malvado profesor Vicente estaba continuamente recordándome lo inútil y vago que era. Y lo hacía con esos ojos, esos ojos azules que no eran de los ojos azules bonitos. Eran de los que dan miedo, de los que inspiran desconfianza y dureza, y te paralizan. Vicente tenía el simpático apodo de "el nazi", por sus rasgos arios, su seriedad, y su desprecio hacia las vidas de sus alumnos de armonía, entre los que me encontraba.

Un día Vicente me gritó al oído. Yo tenía que tocar algo al piano, e hice una cosa mal. Lo repetí, me puse muy nervioso, y lo volví a fallar. Probé una tercera vez, y ya estaba bloqueado, además de fallar esa nota fallé otra más. Y entonces soltó, delante de toda la clase, al lado de mi oído, y a voz en grito:"¡ERES PATÉTICO!". Yo intenté mirarle con una cara desafiante de nazi, también, pero no me salía, solo me salió cara de "judío fastidiado por un nazi, e incapaz de defenderse dándole una paliza, aunque lo desee".

Ese fue el momento en el que perdí el interés por la música. El piano empezaría a ser un instrumento que me haría recordar malos tiempos. Esperaba que no me pasara lo mismo con mis otras aficiones, como bailar. Éste era un momento triste, un momento en el que me sentía rechazado.

Quinto movimiento: Tempo des Scherzo. Wild herausfahrend.

Me pongo a leer el programa, no quiero seguir pensando en Vicente, me da miedo.

El texto del programa es curioso, empieza citando a Mahler, en un párrafo en el que dice que está insatisfecho con el segundo movimiento de la obra, que cree que es inapropiado. Pero luego el programa aclara “El autor exagera: este movimiento, aparte de ser una de las mejores páginas del autor, enlaza maravillosamente con el resto de la obra”. Que es como decir: Mahler era medio tonto y no sabía juzgar sus obras, no tenía ni idea de lo buenas que eran, pero vamos , aquí estamos nosotros para aclarar su error.

El programa continúa con las típicas pijadas de los programas del Auditorio Nacional. Que si en la reexposición del tercer movimiento, en el compás 456, se introduce un compás de 3/8; que si la obra empieza Do menor, luego se va a Do mayor, pasa a La menor, luego va a otra tonalidad, pasa por tonalidades que están por los cerros de Úbeda, y luego vuelve a Do menor. También habla de que no se qué movimiento está basado en no sé qué otra tragedia griega. Y todo así, escrito de una forma muy rimbombante; hasta cómica, en ocasiones.

Pero hubo algo que me llego al alma en ese texto, una pequeña historia de la vida de Mahler. Al parecer, cuando Mahler era joven, sólo era famoso por ser director de orquesta, no por ser compositor. Para darse a conocer como compositor, necesitaba ser escuchado por alguien importante. Ese alguien sería Hans von Bülow; un alemán reconocido como uno de los compositores y directores de orquesta más famosos y viejos de su época.

Mahler tocó para Büllow una reducción para piano de un poema sinfónico que acababa de componer, y que duraba como media hora (a Mahler siempre le gustaron las obras largas). Tras escucharla, Büllow le miró fijamente y dijo: ”Si lo que acabo de oír es música, no entiendo nada de este arte”.

A Mahler le afectó mucho esta reacción, y poco después escribió a su amigo Richard Strauss (Richard Strauss es el que compuso la canción del principio de ”2001 Odisea del espacio”), diciendo: “Hace una semana, Büllow casi se murió mientras interpretaba mis obras para él. Usted nunca ha experimentado algo así, y no puede comprender que uno termine por perder la fe”.

Me quedé alucinado. Era justo lo que había sentido yo con Vicente, y con Nuria, y con tantos otros que no confiaron en mis posibilidades; era esa sensación de desilusión. Y a Mahler, al gran Mahler, también le pasó. Aquello tenía que ser una señal divina, o al menos lo más parecido a una señal divina que me hubiera ocurrido nunca.

Seguí leyendo el programa, aquello se ponía interesante. Contaban que, meses después de la desafortunada audición de Mahler, Büllow murió. Mahler asistió a su funeral, en el que se interpretaron varias obras corales. Una de ellas estaba basada en el poema “Aufferteh’n” (Resucitarás) del poeta Friedrich Gottlieb Klopstock. Al escuchar el coral, a Mahler se le encendió la bombilla. Tuvo la gran idea de su vida: acabaría la obra en la que estaba trabajando (que era precisamente la que yo estaba escuchando, la segunda sinfonía) con ese poema.

El programa explicaba que la muerte de Bullöw representaba la resurrección de Mahler, debida a la desaparición de esa persona que no confió en él. Ahora sólo quedaba Mahler, no había nadie que le impidiese triunfar, ya era libre.

Qué gran historia, y justo ahora suena la orquesta y el coro al completo, y fortissimo, es la primera vez en 70 minutos de sinfonía. Qué grandioso, están cantando el “Aufferteh’n”. No entiendo nada de lo que dicen, porque está en alemán, pero esta parte transmite venganza, triunfo, victoria. Qué tremendo final, muchas trompetas, mucho viento metal resonando en todo el auditorio. Timbales, platillos, mucha percusión. La sinfonía llega a su momento álgido, al punto de mayor contundencia. Se mantienen esos acordes durante unos segundos para dilatar su presencia, y finalmente la obra termina con una nota corta y contundente, atacada por toda la orquesta.

Apoteosis, todo el mundo está pletórico. Aplausos, aplausos, y más aplausos. Se oyen varios “¡Bravo!”. El director saluda una, dos , tres,… tantas veces que he perdido la cuenta. Sonrisas entre los músicos, entre el público. Parece que mucha gente, al igual que yo, ha sentido una conexión especial con el autor , aunque los 4 primeros movimientos resultaran algo aburridos.

Salgo del auditorio muy contento, y con la sensación de haber triunfado sobre todos los que me criticaron; simplemente por el hecho de descubrir que Mahler estuvo en mi misma situación, y que pudo superarla.

Ya no tengo sueño, ya no estoy cansado. Hoy puede ser un gran día.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Reflexiones matinales escuchando la segunda sinfonía de Mahler


1. Introducción.

Hace dos años lei un libro: "Reflexiones nocturnas escuchando la novena sinfonía de Mahler", deLewis Thomas. Este libro, que no conoce nadie, del autor que tampoco conoce nadie, llegó a mis manos en extrañas circunstancias: mi padre lo recogió de los excedentes de una biblioteca de barrio, de esa mesa apartada que tienen todas las bibliotecas, donde acaban los libros menos queridos, los rotos, los feos, los descatalogados y los pasados de moda; en otras palabras, la chusma de los libros. Me acuerdo que llegó a casa con otros 5 libros rotos y feos que había recogido de los excedentes, y los dejó tirados en el sillón del salón, tratándolos con desprecio, como se merecen. Los ojeé todos, y éste me llamo la atención, no porque tuviera buena pinta, era tan repelente como los demás: su portada consistía una foto pretenciosa de un cacho de madera con un ojo pintado. Lo que me resultaba atrayente de él era que había sido editado en la imprenta de la editorial Hermann Blüme en España, que estaba en Madrid, en la calle Rosario, que resulta que est a 50 metros de donde yo viví durante 15 años: en la calle San Bernabé.

Lo curioso era que en esos 15 años no fui capaz de darme cuenta de que en esa calle había una imprenta, solo recordaba un gimnasio donde también daban clase de judo y kárate, una tienda de chinos con una dependienta ecuatoriana, y una tienda de marcos que siempre andaba muy sucia; pero nada de una imprenta. Así que la curiosidad producida por este hecho circunstancial fue suficiente para que me decidiera a leer ese libro tan raro y poco atrayente.

La verdad es que el libro era entretenido, Lewis escribía bien, eso hay que admitirlo, pero se notaba que era un viejo de los años setenta y que era una persona muy normal. Lewis empezaba contando sus reflexiones sobre un marcapasos que le acababan de poner, decía que estaba contentísimo de vivir en una era que permitía la creación de semejantes prodigios técnicos. Luego de lamerle el culo al marcapasos, pasaba a hablar de las bombas atómicas, que dicho así parecen dos temas demasiado diferentes como para hablar de uno después del otro, pero los enlazaba de una forma que lo veías natural, aunque no me acuerdo de cómo.

El caso es que decía que la bomba atómica era muy buena porque era otro gran prodigio técnico, pero a la vez era muy mala porque mataba a mucha gente, y que había que usarla con precaución. Después de este consejo tan práctico, le daba por explicar sus ideas sobre el lenguaje, en otro de sus cambios de tema contundentes. Según Lewis, el lenguaje lo inventan los niños, y daba razones muy discretas y virtuosas para defender esta idea, pero como tampoco me acuerdo de cuáles eran, no os las voy a describir.

Luego de tratar el lenguaje, Lewis escribe (y es la única frase que recuerdo de todo el libro) "Lo que nos diferencia a las personas de los animales es el lenguaje, y el lenguaje ha llegado gracias a la evolución", y por supuesto, esto le sirve de introducción para explicar sus ideas evolutivas y lamer el culo a Darwin, aun más enérgicamente que al marcapasos.

Lewis trata otros temas que le preocupaban o interesaban enormemente, como la maldad de la guerras, los peligros del cambio climático, la maldad de las grandes multinacionales, la bondad de las energías renovables, la maldad de las dictaduras comunistas, la bondad de la democracia, la bondad de los productos naturales, y otros temas tan sumamente novedosos e impactantes. En el final del libro dice que todas esas ideas le vienen mientras escucha la novena sinfonía de Mahler, porque esa sinfonía le transmite que su final está cerca, y que necesita dejar escritos todos sus pensamientos antes de morir. Poco después termina despidiéndose de los lectores, satisfecho de haber cumplido ese deber vital de dejar plasmadas para toda la eternidad sus ideas.

Este libro no fue un libro especial para mí, fue uno de tantos otros que pasó sin pena ni gloria; como la novia que no besa bien, o el amigo que pilla tus chistes pero que no tiene gracia. Aunque hace 3 días ocurrió algo que me devolvió este libro a la mente, algo que pretende ser el contenido principal de esta entrada, algo sublime, magistral, espectacular: algo asombroso en todos los sentidos.

Lamento comunicaros que no lo publicaré ahora, esta noche tengo sueño y estoy sin ganas, así que tendréis que esperar unos días. Hasta entonces, espero que disfrutéis con esta introducción y que os quedéis con ganas de conocer el desenlace, que por supuesto será mucho más espectacular y trasgresor, puede incluso que incluya escenas de sexo.

¿Atrayente, verdad?