viernes, 10 de abril de 2009

48 horas en París

1. El viaje.

-Acompáñenos señor Barbery, debemos hacerle un par de preguntas, parece que lleva un arma en su equipaje de mano. Un cuerno, más concretamente.

Mi viaje empezó así, prometiendo emociones fuertes ya desde el control de aduana de Madrid. Obviamente no tenía ningún cuerno, pero por alguna extraña razón los policías lo confundieron con un calzoncillo mal doblado de mi mochila...; pero las "aventuras" no acabaron ahí: una vez pasada la aduana, la sala de espera, y habiendo ya entrado en el avión, los pasajeros recibimos el siguiente mensaje:

-Pasajeras, por favor tienen paciencia, tenemos uno problema con un motorr del avión que no se puede encenderrr. Hemos llamado a un ingeniero para verrrr si se puede arreglarlo, así que esperan a que toda se soluciona. Gracias por su colaboración, en 20 minutos, podremos comensar el vuelo.

Había
3 cosas que me preocupaban después de oír mensaje:
1) Que mi vida dependiese de un piloto que no sabe hablar.
2)Que mi vida dependiese de un ingeniero.
3) Que pudiese morir sin haber contado a nadie la fabulosa historia del calzoncillo mal doblado confundido con un cuerno.

Bien, no sé si habéis tenido alguna vez la sensación de volar en un avión que creéis que se va a caer. Yo sí. La verdad es que no era una sensación del todo mala, sólo pensaba cosas como... "¡Toma ya! mi muerte temprana permitirá revalorizar mi obra como blogger, Tenspitalgo se convertirá en uno de los blogs más famosos del mundo, yo seré enterrado con honores de estado y en las clases de lengua pondrán exámenes de comentario de texto con mis entradas"..., junto a otros delirios de grandeza similares. Los sueños de toda una vida podrían haberse cumplido, pero finalmente no pasó nada, el avión despegó, voló y aterrizó... sin ningún problema.

2. La llegada, primeras impresiones.

Una vez en París, lo primero que me llamó la atención era la cantidad y variedad de negros que había. Había negros claros, negros oscuros, negros que leían el corán; negros con traje, corbata y maletín, negros raperos, negros bakalas, negros pijos, negros emos y muchos negros más. Llegué a ver incluso a un negro gótico con gafas de sol por la noche. Eso es vista.



Fig. 1: Ejemplo de negros que os podríais encontrar en París.

Lo segundo que me sorprendió fue el olor del abono. En España el abono huele a mierda, allí huele a queso Camembert, y cuando digo queso Camembert no me refiero a un queso en general, si no al Camembert. No Brie, ni manchego, ni de cabra, ni de cabrales. Queso Camembert, y del bueno. Daban ganas de probar un poco, de saborear ese delicioso abono Camembert que alimentaba a las bellas flores de los jardines de París...

Fig.2: Abono de París.

Descuidad, no lo hice.

Otra cosa que me fascinó fueron los bogies de los metros. Bogies con ruedas de tren y con ruedas de neumáticos, algo que no había visto en mi vida.

Os enseño una foto:


Fig.3: Maqueta del bogie de las lineas más antiguas del metro de París.

Sé que vuestro escaso interés sobre el material ferroviario no os permitirá comprender la profunda impresión que me llevé al ver este cacharro, pero os aseguro que casi me pongo a llorar de la felicidad de ver algo así de raro.

3. Las "pequeñas diferencias".

¿Sabéis lo que más me gustó de París? Las pequeñas diferencias. Por ejemplo, allí no tienen churros, tienen "crêpes". Las "crêpes" se venden mucho, como churros, y te las rellenan de muchas cosas saladas o dulces. Lo más normal es que te las rellenen con una Nocilla que ellos llaman "Nutella", que es como la Nocilla pero de un solo color (negro). Algún día llegará a París la Nocilla de dos colores, espero.



Fig.4: Crepería. Obsérvese la perfección de la nariz del crepero. Esto es una cualidad fundamental para que las crêpes salgan sabrosas.


Otra pequeña diferencia se da en la forma de servir la Coca-cola en los restaurantes. Allí te la sirven en una botella de cristal de 0,33 l y con una cucharilla, que al parecer sirve para quitar los hielos si no los quieres; o si sí los quieres pero no quieres tantos como te han servido. Esto me resultó de gran utilidad, ya que fui a un restaurante, pedí una Coca-cola, y me la trajeron con 3 hielos; pero como yo sólo quería 2, utilicé la cucharilla y puse el hielo sobrante en otro vaso. Así, pude disfrutar de mi sabrosa Coca-cola con 2 hielos, evitando el mal trago que hubiera pasado si la Coca-cola hubiera tenido 3 hielos, pues sus propiedades no serían las óptimas, al estar más fría de lo recomendado.


Fig.5: Mi Coca-cola después de haber quitado un hielo.

4. Visita a la ciudad.

París es como el Barrio de Salamanca, pero en grande. Las fachadas tienen capiteles de todos los órdenes, y también tienen cariátides, atlantes, adornos florales y todas esas cosas cursis que les daba por poner a los arquitectos en las casas de los ricos del siglo XIX.



Fig.6: Ejemplo de calle de París con edificios con algunos adornos cursis.

Pero París también tiene partes modernas, como una plaza del centro que no me acuerdo como se llama, pero que me encantó. Es ésta:

Fig.7: Plaza con moderneces.

Y no me puedo olvidar de los sitios emblemáticos...

4.1 Los Campos Elíseos.

La calle de Los Campos Elíseos es conocida por ser la calle del mundo con más edificio cursi, más personas cursis y más tiendas cursis por metro cuadrado. También es reconocida por tener el Arco del Triunfo cerca y por salir en la tele cuando se acaba el tour de Francia. Pero realmente, su gran fama se la debe a aparecer dibujada en la caja de los bombones de Lindt.



Fig.8:Los Campos Elíseos en una caja de bombones.


Fig.9: El McDonald's de los campos Elíseos.



Fig.10: Chino sacando una foto al Arco del Triunfo desde los Campos Elíseos.



4.2. La Torre Eiffel.

La Torre Eiffel me gustó, era muy grande, más de lo que imaginaba; pero no se me ocurrió nada especialmente ingenioso sobre ella. Así que me limitaré a poner las fotos que le saqué.


Fig.11: Foto de media Torre Eiffel




Fig.12: Foto alta de la Torre Eiffel

Pero no creáis que solo fui a sitios de turistas, también exploré los suburbios:

4.3 Vincennes
.

Vincennes es un pueblo de al lado de París, es como Leganés para Madrid, pero no tan feo. Vincennes es conocida por sus célebres casas con chimeneas torcidas.

Fig.13: Casa con la chimenea torcida en Vincennes.

También es conoicda por tener los Croasanes y napolitanas más grandes del mundo.

Fig.14. Compárese el tamaño de los enormes croasanes y napolitanas con el de una tarta de tamaño estándar.

Además, Vincennes tiene un castillo, que se llama "El castillo de Vincennes", que es la única cosa que se puede visitar gratis en todo París y alrededores (siempre y cuando tengáis menos de 26 años y seáis reidentes de la Unión Europea).

Fig.15: El chato.

Fig.16: El foso del chato.

Fig.17: Las baldosas del chato.

Después de ver la ciudad, con sus zonas de turistas y con sus suburbios, sólo me quedaba un sitio por visitar: el Louvre.

5. El Louvre.

El Louvre es un museo donde hay muchas cosas, sobre todo cuadros. Está por ejemplo el de la Mona Lisa, que es el cuadro más conocido; pero en mi opinión hay cuadros mejores. Por ejemplo, los de un pintor que me atrajo especialmente por su naturalidad; manejo del color, brillos y sombras, por su capacidad para pintar formas fabulosamente proporcionadas, por lo bien que lograba la expresividad en las caras, y por la increible calidad que conseguía en el conjunto total de las obras, plasmando imágenes de belleza embriagadora. Sus obras te hacen olvidar la realidad, te introducen en un universo de belleza y armonía en el que no existen los problemas ni las preocupaciones, y por unos momentos te permiten disfrutar de una felicidad plena, absoluta, rebosante de alegría y congoja, que no se puede igualar con ninguna experiencia mundana.

De hecho, pintó maravillas como ésta:

Fig. 18 :Cuadro del buen pintor
O ésta:
Fig.19 :Otro cuadro del buen pintor
Este EXCELENTE pintor es:

Fig. 20: Francesco Barbieri


Por supuesto, no existe relación causal entre el parecido de nuestros nombres y mis alabanzas hacia su trabajo.

6. Final, despedida de París y planes de regreso.

Y después de tanta cosa tan interesante, después de tantas emociones y de trepidantes aventuras, me tuve que ir. Quise despedirme de París, pero no supe como hacerlo, ¿un "adiós", un "hasta luego", o un "hasta nunca"...? Espero que fuera un "hasta ahora", de hecho, tengo previsto volver en junio en bici con un amigo. Es un plan ambicioso, difícil, casi imposible. Poca gente confía en mi, casi nadie cree que lo pueda conseguir; pero eso representa lo más excitante el desafío. Quiero tener la satisfacción de escuchar un "tenías razón", un "estaba equivocado cuando dudaba de tus posibilidades", o un "fui un jodido gilipollas cuando me reí en tu cara al contarme tu plan, demostré que soy muy corto de miras y que jamás llegaré a nada en la vida porque mi visión del mundo es una mierda". ¡Oooohhh, como disfrutaría...!!

Entonces....

¿Hasta ahora, París?

Fig. 21: Figura de adorno, sin contenido trascendente para el desarrollo de la entrada. Parece fea, pero si pincháis en ella se convierte en bonita. Es como una metáfora, porque nada parece bonito hasta que lo pinchas. Pensad en esto.